Récord en medallas y obesidad.

Tras analizar el medallero de los juegos olímpicos de Tokio 2020. Podemos observar como Estados Unidos y China se encuentran a la cabeza de los resultados deportivos. Esto no es una novedad. En las últimas competiciones olímpicas, ambos países se disputan siempre el primer puesto del medallero.

Según los datos, en el 2014 había 641 millones de personas obesas en el mundo. En el ranking de la obesidad el primero es China, seguido muy de cerca por Estados Unidos. No deja de ser sorprendente que los dos países con el mayor número de medallas en unas olimpiadas, sean también, los países con la población más obesa del mundo.

¿Tiene el deporte un beneficio social?

El deporte educa aunque la federación Rusia haya sido descalifica por dopaje durante los próximos cuatro años. El deporte educa, repito tras ver una batalla campal entre padres en un partido de fútbol de niños de ocho años. El deporte es salud aunque la mayor potencia olímpica al borde de una epidemia por obesidad en su población infantil. El deporte es salud y educación, aunque Simón Biles no haya podido competir por ansiedad y cientos de niños sufren por ser rechazados, o no seleccionados en diferentes clubs deportivos.

El deporte se ha convertido en uno de los pilares de cualquier sociedad, es posiblemente el tema del que más se habla, o el evento más seguido. Genera emociones como ninguna otra actividad humana ha conseguido a lo largo de la historia. Paraliza países y llena periódicos y telediarios. Mueve miles de millones, y crea auténticos ejércitos de aficionados. Por todo esto, es tan importante que la sociedad se pregunte ¿Qué modelo deportivo queremos?

Deporte para unos pocos.

El deporte no es más que una herramienta que las sociedades utilizan para conseguir un fin. En el libro de Tom Farrey «Comienza el juego: la carrera de los americanos por convertir a nuestros hijos en campeones», analiza perfectamente el panorama mundial del deporte juvenil. En su libro se pregunta como Estados Unidos el país número uno en todos los ranking deportivos, podía ser a la vez, el país más obeso del mundo, con unas tasas de abandono de la actividad deportiva en la adolescencia abrumadoras.

Desde luego, si el deporte es salud y educación algo está fallando en el modelo Americano. Sin embargo, el modelo de competición americano se ha exportado a la gran mayoría de países del mundo en busca de campeones. Es importante observar en lo alto del medallero a un país, aunque, las principales causas de muerte en adultos en ese país, sean todas enfermedades derivadas del sedentarismo y la falta de ejercicio.

El modelo de excelencia deportiva, de especialización temprana, está consiguiendo medallas, pero sin embargo, no está consiguiendo aquello que buscaba Piere de Coubertain cuando restauro los Juegos Olímpicos, una sociedad mejor. El niño que no está predispuesto genéticamente para el alto rendimiento deportivo es poco a poco descartado.

Esto provoca un abandono temprano de la práctica deportiva, y ocasiona, graves problemas sociales de salud y desarrollo. Al niño se le ha enseñado a ganar, a ser el mejor, y no importa si eso va en detrimento de su salud o su desarrollo.

Un modelo para una sociedad mejor

En el mismo mismo libro, Farrey analiza a uno de los países más activos físicamente y con el ratio de medallas más alto en relación con su número de habitantes. Noruega decidió hace treinta años aprobar un decreto que garantizaba el derecho en la infancia a la práctica deportiva. Cualquier niño del país, sin importar su habilidad, condición física, familiar o económica tiene derecho al desarrollo motor.

Una filosofía educativa que busca enamorar al niño se enamore del deporte de forma lúdica en la escuela. Dejando totalmente de lado la especialización deportiva hasta los quince años. El niño tiene que disfrutar del juego, y no, sentir la presión que la competición por ser el mejor genera.

El sistema busca la competencia motriz de todos los niños, esto puede, o no, dar campeones olímpicos, pero lo que si es seguro, que crea adultos competentes motrizmente que no abandonan la práctica deportiva. En el modelo deportivo Noruego se elimina la competición hasta los doce años, y tanto instituciones como familias colaboran para que el objetivo de los eventos deportivos sea el desarrollo y no el rendimiento.

Practican múltiples habilidades motoras evitando la especialización temprana encaminada al rendimiento. Una vez que el niño ha finalizado su desarrollo biológico y motor (sobre los quince años), si que realizan una selección de talentos. En ellos, se vuelca toda la tecnología y ciencia deportiva para conseguir competir al máximo nivel.

El atleta olímpico noruego ha sido educado en los valores de respeto y cooperación que las bases del olimpismo promueve, y el resto de la población Noruega, no abandona el deporte porque han adquirido una competencia motriz para continuar practicándolo toda la vida.

El deporte es simplemente una herramienta que como sociedad podemos utilizar para crear una filosofía que favorezca la salud y el desarrollo de todos, o que busque el rendimiento, las medallas y el éxito de unos pocos mientras el resto lo ve por televisión. ¿Y tu que modelo prefieres?

1 comentario en “Récord en medallas y obesidad.”

  1. Un interesante análisis y propuesta, cada país deberá tomar sus propias decisiones de acuerdo a su situación y posibilidades

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba