¿Se debe ayudar a caminar a un bebé?

La marcha en bipedestación es uno de los momentos más importantes en el desarrollo del bebé. Es el resultado de integrar múltiples elementos que garantizan el correcto desarrollo del recién nacido. Por eso, mucho padres desean que el niño consiga andar lo antes posible. Es un reflejo del correcto desarrollo infantil, y cualquier padre, quiere el bienestar de su hijo. Sin embargo, ¿es correcto ayudar al bebé a caminar?

Antes de caminar, el niño debe consolidar otros aspectos del desarrollo neuromotor que no son tan perceptibles. La coordinación, el equilibrio, el desarrollo nervioso y musculo-esquelético, son imprescindibles para que el niño pueda comenzar la marcha. Son los cimientos para un correcto desarrollo motor y nervioso. Cuando un adulto sostiene al niño para que camine, no esta favoreciendo el desarrollo de la fuerza y el tono muscular. No permite el desarrollo del sistema vestibular y el equilibro. Todo su sistema propioceptivo estará adulterado y tendrá que ser modificado cuando se quiten los apoyos. Por lo tanto, estarán comenzando a construir una casa por el tejado, sin unos cimientos fuertes y con riesgo de derrumbarse.

No juega por su cuenta

Cuando un bebé recibe «ayuda» para dar sus primeros pasos, no alcanzará el sentimiento de logro que provoca conseguir algo por si mismo. Lo ha conseguido pero gracias al adulto. Desde los primeros años hacemos al bebé dependiente de la intervención de los padres.

El bebé aprende que es otra persona la que decide por él. Y por lo tanto, aprende a esperar a que le digan lo que tiene que hacer. Si el desarrollo motor ha sido totalmente guiado por al adulto, el niño puede desarrollar inseguridades que le impiden el juego autónomo o con los demás si no está tutorizado.

La doctora Emmi Pikler lo tenia claro, adquirir patrones motores elementales por su cuenta refuerza la confianza del niño en si mismo y en sus capacidades. Ayuda al desarrollo de las funciones ejecutivas porque es el niño quien decide hacia donde caminar y como resolver el problema motor que plantea la marcha.

Mi hijo tarda en aprender a caminar

No existe un tiempo exacto en el que el niño debe aprender a caminar. Según los pediatras, el periodo para el desarrollo de la marcha en bipedestación se produce entre los 12 y los 18 meses, pero puede alargarse hasta los dos años. El desarrollo de una marcha tardía por supuesto que puede ser un indicativo de un problema en el desarrollo neuromotor, pero este tipo de dificultades pueden observarse mucho antes a través de los reflejos, o del tono muscular.

Por lo tanto, no hay prisa para el desarrollo de la marcha. Es más, alargar el tiempo de gateo, arrastre, bipedestación sin marcha, es una forma de afianzar correctamente aspectos neuromotores imprescindibles para desarrollar niños seguros. Un desarrollo fuerte del equilibrio y la coordinación, así como, conseguir una correcta integración sensorial, disminuirán los miedos durante cualquier acción motriz a los largo de la vida.

La ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo. Es relativamente sencillo crear un espacio seguro en el que moverse en libertad. Utilizar elementos de espuma o blandos donde el niño pueda caer, permite al niño experimentar por su cuenta evitando el riesgo. Utilizar implementos de madera donde el niño pueda agarrarse para mantener el equilibrio es una forma de incitar a la deambulación sin la necesidad de depender del adulto.

¿Existen excepciones?

Por supuesto. Es muy normal que el abuelo, la tía, o los propios padres quieran compartir momentos en el inicio de la marcha del niño y le agarren de las manos. Aunque como hemos visto no es beneficioso para el desarrollo del niño. No debes preocuparte porque un día concreto el abuelo le ayude a caminar. Es la tendencia natural del adulto. Sin embargo, no puede ser la norma. No solo el niño se vuelve dependiente de esa ayuda, sino que además, es lesivo tanto para los mayores como para los pequeños. La espalda del adulto sufre, así como, la articulación del hombro de los más pequeños.

Por lo tanto, no importa que suceda en momentos puntuales para crear momentos de felicidad entre el adulto y el niño, pero siempre debemos entender que será más por el beneficio emocional del adulto que por el beneficio real en el desarrollo del niño..

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